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22 de febrero de 2016

Mi faro

Sé que soy un desastre, por mucho que lo niegues. Sé que te pone de los nervios que llegue tarde a todos los sitios. Que nunca sepa que ponerme. Que sea la persona más despistada del mundo y te robe las llaves de vez en cuando.
Sé que rompo en pedazos tu ordenado mundo. Que mi cabezonería tampoco ayuda. Y que no hay cosa peor para ti, que verme llorar.
Pero, a pesar de todos mis defectos, de todo mi repertorio de tonterías y estupideces... Sigues aquí.
Sigues esperándome cuando llegamos tarde, sigues mirándome resignado mientras saco una prenda tras otra del armario. Te armas de paciencia cuando rompo tus esquemas, aguantas mi cabezonería... me abrazas y me besas mientras limpias mis lágrimas.
Muchas veces me pregunto, si de verdad merezco todo lo que me das. Me aterroriza pensar que algún día pueda sobrepasar tu paciencia y me mandes a la mierda.
Pero entonces llegas tú. Tú y tus ojos negros, que me repiten la misma frase: "Nunca, nunca te dejaría. Eres mi vida. Y esos miedos sólo son tonterías".
Y así, ese faro en medio del mar que es tu abrazo, vuelve a lucir y me devuelve a tierra. Sana y salva, apagando toda tormenta y tirando del sol para que vuelva a brillar allí arriba, en el cielo, al igual que tu sonrisa.
Gracias por estar siempre ahí y sacarme de la oscuridad en la que a veces yo misma me interno.
Tú también eres mi vida, desde el día que apareciste en ella.


14 de enero de 2015

Seis

Aún recuerdo el primer día. Tan claro como si lo estuviera reviviendo ahora mismo.
Puedo sentir los mismos nervios, aquellas preguntas que bombardeaban mi cabeza en el último momento; ¿Estoy guapa? ¿De qué hablaremos? ¿Y si me quedo en blanco y no sé que decirle? ¿Cómo le saludo, con un beso o dos?... Sí, en esas cosas pensaba yo aquel soleado día de julio mientras corría hacia la crepería. Ya que como es costumbre en mí; llegaba tarde.
Los transeúntes de la Gran Vía no me dejaban ver mi destino, unos cientos de metros más adelante. Él me estaba esperando allí, pero yo aún no lo veía.
Avanzando a paso rápido vislumbré las bombillas del rótulo. Debajo, la cristalera. Él estaba apoyado en ella mirando el móvil. El corazón me palpitaba tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.
Como si supiera que yo estaba allí observándole, levantó la cabeza y me miró sonriente. Bueno, me dije, ya no hay vuelta a atrás.
Seguí hacia él con el paso más firme que pude conseguir en aquel momento, me acerqué y solté un escueto "hola" esperando no estar roja ya desde el principio. Él, más seguro que yo,-lo cual en aquel momento no era difícil- me besó en la mejilla, Dos, pensé.
- ¿Prefieres dentro o terraza?, su voz me devolvió a la tierra.
- Dentro mejor, hace mucho calor. Eso y que había llegado casi corriendo, hacían necesario un poco de aire acondicionado.
Elegimos la mesita del fondo a la izquierda y nos sentamos.Cogimos cada uno una carta.
Llevaba unos pantalones color camel y una camiseta blanca. Bien peinado y con una barba perfecta. Sus ojos marrones se movían según avanzaba en su lectura. Estaba más guapo de lo que esperaba. Por mi parte, yo seguía asombrada de que no oyera mis palpitaciones pues mi pecho vibraba como el altavoz de una discoteca un sábado por la noche.
- Yo quiero un crêpe de chocolate y una coca-cola, ¿y tú?
- Eh... ¿yo? Mmm... No había leído una sola línea de la carta. Un descafeinado de cafetera con leche y con hielo.
- ¿Un descafeinado en una crepería? Sonrió divertido.
Yo no sabía ni de qué hablar, así que fue él quien empezó. La verdad es que parecía que sólo hablaba él, ya que yo apenas intervenía en la conversación. Pero me encantaba oírle.
Llego el café y las manos me temblaban tanto que no sabía como iba a hacer para verter el café en el vaso con hielo.
- Trae, déjame a mí. Cogió la taza rozando mi mano y la echó en el vaso sin derramar ni una gota. Algo que si bien para mí es difícil normalmente, aquel día habría sido misión imposible.
Me miró fíjamente y sonrió.
- ¿Qué? dije yo intrigada.
- Tienes unos ojos verdes preciosos. Ahora sí estaba segura de estar roja como un tomate. Pero era perfecto. El sitio, el momento... Él.
Al ver mi reacción, siguió la conversación. Me hablaba de su familia, de su pasión -la informática-, de viajar... Había tanta energía en él, pero a la vez tanto sosiego que yo estaba fascinada.
En aquel momento lo supe, estaba claro: quería tener algo de verdad con él.



16 de noviembre de 2014

Él

Abrir los ojos. Abrirlos despacio, aún adormilados. y verle. Está ahí, a mi lado. Aún duerme. Le observo respirar lentamente. Su pecho sube y baja simulando seguir un compás. Es curioso que algo tan sencillo, para mí sea la mejor imagen del mundo.
En ese momento es cuando me doy cuenta de lo evidente, de que ya no hay vuelta a atrás; que estoy enamorada. Sí, completamente. Él... él, con su preciosa sonrisa, con su forma de sacarme de quicio. Con sus tonterías y con sus rimas que me hablan de amor... Él, quien me alza hacia el cielo cada vez que creo rozar el suelo. Quien consigue que olvide mis enfados con sólo un beso...
¿Cómo explicarlo? Creo que... simplemente se ha convertido en la persona más importante de mi vida. Le ha dado sentido en este mundo de locos. Curó mi corazón, aquel que yo creía herido de muerte. Le sacudió el polvo y lo puso de nuevo en marcha, a su lado, donde ahora late fuerte y seguro.
Miro su gesto tranquilo, su rostro apoyado en la almohada a escasos centímetros del mío y sonrío. Sonrió porque no quisiera estar en ningún otro lugar. Ya que estoy segura de algo; él es mi futuro.
Se oye un murmullo y me rodea con su brazo. Atrayéndome hacia él muy despacio. Puede que suene cursi, o como quieran llamarlo pero... Sé que haría lo que fuera por él, cualquier cosa, cualquier locura o estupidez, pues mi único deseo hacerle feliz a mi lado.
Y es que gracias a él todo ha cambiado, todo. Y es que puso mi vida patas arriba aquel quince de julio... Pero, si queréis oír un secreto, os diré; nunca, nunca había estado mejor.

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12 de agosto de 2014

Le quiero

Suele decirse que la esperanza es lo último que se pierde. Por muy mal que vayan las cosas, siempre nos queda un resquicio, un atisbo de esperanza que nos da fuerza y nos empuja a seguir adelante.
Yo, en cambio, estuve esperando. Esperé... esperé... pero nunca llegó. Al final, desengaño tras desengaño, acabé pasando al siguiente nivel, olvidando aquel dicho y convirtiéndome en una incrédula. Por mucho que oía aquella frase que tantas veces me repetían "ya te llegará", ésta no tenía el mayor significado para mí.
Me había resignado. Terminé por rendirme, por conformarme con una vida, un futuro, sin la esperanza de encontrar a esa persona especial que tanto busqué y nunca había aparecido. Al menos, pensaba, nadie más podría defraudarme de nuevo. Sin embargo, el destino tenía reservada una sorpresa para mí.

Todo empezó una mañana cualquiera, con un mensaje. Ni siquiera podía creer lo que estaba leyendo. Era él. Me había buscado y, al encontrarme, a través de ése y muchos otros mensajes, me abrió su corazón. Se mostró ante mí sincero, sin ocultar nada, pero, al mismo tiempo, seguro de sí mismo, y seguro de lo que quería... a mí.
Día tras día avanzaba, paso a paso, sin que a penas yo me diera cuenta, pero con la potencia de una ola que impacta sobre las rocas, derribando cuantos muros yo ponía en su camino.
Él era diferente a todo cuanto yo había conocido; me escuchaba, comprendía mis miedos... Cada uno de los cuales se tambaleaba al oír sus palabras: "Tranquila, estoy aquí... no me voy a ir".
Para mi era extraño, pero podía sentir como reavivaba aquella llamita tímida de esperanza, que, aunque yo no lo supiera, seguía estando en mi corazón, aguardando para salir de nuevo a la luz.
Finalmente, él ganó, me dejé llevar, me rendí; no sólo ante sus palabras, sino también ante los hechos con los que cada día demostraba que me quería. Gracias a su apoyo liberé mis sentimientos y, conseguí algo que jamás creí que podría hacer: confiar. Ahora puedo decir bien alto que le quiero y que confío en él.

Y es que el destino es como un niño caprichoso que nos guía cual si fuéramos marionetas. Así que recuerda, nunca pierdas la esperanza, pues lo que buscas, puede estar tan sólo a la vuelta de la esquina...


15 de abril de 2014

Encuentro inesperado

Caminando por la calle. Mirando las fachadas de las casas antiguas del centro de la ciudad. Soñando, como siempre, imaginando aquella calle a principios del siglo XX al son de la música que retumba en mis oídos. De repente algo me hace mirar hacia el frente. No. No puede ser. ¡Mierda! No estoy preparada para esto... Saco el móvil, fingiendo hacer algo con los dedos sobre la pantalla y giro discretamente hacia la parte derecha de la calle, bajo los soportales. Espero que no me haya visto. Rezo por que no lo haya hecho.
Sigo andando hacia delante, sin valor para levantar la cabeza. Tras unos pocos pasos, unos pies se han detenido delante de mi.
- ¡Hola! ¿Qué, no me oías?- Es él. Sonriendo. Parece que se alegra de verme.
- ¡Oh! ¡Hola! No... estaba...- Le señalo el casco que me acabo de quitar de la oreja.
- ¿Qué tal estás? Hacía tiempo que no te veía. Te veo bien.

¿Qué se supone que debería responder a eso? "Muy bien ¿y tú?" 
Sí, esa sería una respuesta políticamente correcta y que además, conseguiría enmascarar todo lo que siento y que, por supuesto, no quiero que él sepa. Pero, ¿y después qué? Ya sé, él me contestará lo mismo, que está muy bien, que está feliz, y todo gracias a ella, claro. No os confundáis, no tengo nada en contra de esa chica. Bueno, en realidad sí. Lo que tengo es un nudo en la garganta. Ganas de llorar cada vez que pienso en él. Él, que está con ella. Él, que no está conmigo. Le echo tanto de menos que moriría feliz después de que él me diera un abrazo. Ni un beso. Un abrazo. Uno de esos abrazos con los que me rodeaba completamente, me apretaba contra su pecho, y podía oír su respiración sobre mi cabeza, tan calmada. Era sólo en aquellos momentos cuando me sentía feliz. Cuando sentía que él estaba ahí y que nada ni nadie podría hacerme sufrir nunca más. Nadie salvo él.
Sí, sé perfectamente que él no tuvo la culpa. Fui yo. Lo sé y no hay día que no me arrepienta, que no quiera dar marcha atrás y cambiar todo lo que pasó. ¿Por qué fui tan estúpida? ¿Por qué no vi que era él? ¿Por qué no vi que quien ocupaba mi cabeza entonces no era más que un barato impostor? Estaba tan ciega... Cuando quise darme cuenta ya era tarde. Ya no podía hacer nada. Cada vez que me decidía a hablarle, de mis sentimientos, de mi error, surgía algo que me apartaba más de su lado. Al poco tiempo me di cuenta de lo inútil que resultaban todos mis esfuerzos, y desistí. En parte por eso, en parte porque no deseaba oír de su boca aquel sonoro "no" que siempre aparecía en mi mente al imaginar la escena, tan ridícula.
Puede que haya sido una cobarde, es más, sé que lo he sido. Pero no podía. No soportaba aquellas conversaciones entre amigos oyendo lo contento que estaba, las ganas que tenía de volverla a ver. Ella, a la que había conocido por casualidad hacía apenas unas semanas. 
Y yo, la que nunca creyó en las casualidades, mostraba lo mejor que podía una falsa sonrisa al ver la foto de aquella chica. Ni siquiera sé como pude aguantar esas charlas sobre ella. Contestando a las preguntas que él me hacía sobre cómo debía actuar con ella, dándole consejos... Ahora que lo pienso, esto suena más masoquista de lo que yo creía. Definitivamente estoy mal de la cabeza.

-Muy bien, ¿y tú?- Lo sé, lo sé, pero era la única salida posible.
- ¿Yo? Genial. Mañana viene mi novia, así que deseando que pasen las horas. - En un momento sentí cómo algo se desgarraba dentro de mí, dejándome casi sin respiración.- Si quieres quedamos mañana un rato y te la presento.
- No.- No, no, no, piensa algo rápido, piensa algo rápido...- Se acercan los exámenes y tengo que estudiar como una loca. Me paso los días en la biblioteca.- ¡Uf! Bien.
- Bueno, no pasa nada, otra vez será.- dijo subiendo los hombros con un leve gesto de resignación.
- Sí, claro... Me alegro de que te vaya bien con ella.- Mentira. Es la mentira más gorda que he dicho en mi vida. Lo único que quiero es que ella no exista, o que nunca la hayas conocido, y, que, no sé, por arte de magia supieras todo lo que siento. Que me cogieras de la mano y me besaras suavemente. Allí, en medio de la calle. Pero eso es imposible. Suerte que sé mentir bien...

De nuevo me encontré sola. Ya se había ido. Me puse el casco y seguí mi camino como pude. Empezó a sonar «Tourner la page» Sí, muy oportuna la cancioncita... ¡No es tan fácil!
Tras aquel breve encuentro lo supe. Seguías siendo el centro de mis pensamientos, y me iba a costar más de lo que creía. Me iba a costar olvidarte.



21 de octubre de 2012

Me llevas contigo.

Quiero contarte algo; todo lo que ocurre a nuestro alrededor, ocurre muy rápido, mucho más de lo que imaginamos. Nos acecha antes de que tengamos conciencia de ello y nos envuelve lentamente hasta que quedamos rodeados, sin que podamos hacer nada para evitarlo. Para cuando quieres darte cuenta ya te ha cazado, despiertas y te ves sumergido en nuevas historias, nuevos problemas, nuevas cosas... La vida es como montarse en una gran noria que nunca frena.
Es muy probable que ni siquiera sepas de qué estoy hablando. Estoy hablando de ti. Estoy hablando de mi. Sé que no te has parado a pensar en ello, tú no eres de esos. Pero estoy segura de que lo sientes.
Puede que al principio de un poco de miedo, eso es algo que siempre nace ante lo desconocido, pero tranquilo, yo estoy contigo. Te habrás dado cuenta de que todo ha cambiado, ya no somos los mismos. ¿Por qué? La respuesta es simple. Llega un momento en que sientes algo tan fuerte que desapareces. Ya no eres tú, ya no soy yo. Ninguno de nosotros pertenece ya a sí mismo. Ahora yo no estoy dentro de mi, ahora dependo de ti. He comprendido que dentro de mi ya no hay espacio, todo lo llenas tú, porque estoy atada a ti, porque tú, tú eres mi destino. Tú eres mi vida.


23 de mayo de 2011

Re-amor

¿Es posible que me esté ocurriendo de nuevo? Me parece demasiado fácil, demasiado rápido. ¿Qué me está pasando? No puedo creerlo, y sin embargo, esta sensación, estas ganas de hacer cosas imposibles, no, no puede ser, es prácticamente... es improbable.

Pero, ¿Porqué están volviendo a mi todos estos sentimientos, todas estas emociones? No lo entiendo. A mi, que juré que nunca volvería a confiar en un chico. ¡Como cambian las cosas! De repente apareces tú. Tú y tu inoportuna forma de encontrarte conmigo en cualquier sitio de la manera más casual. Es surrealista, no puedo creer que ahora mismo esté sonriendo. Quizá deba parar de darle vueltas y aceptarlo. ¿Tampoco es tan malo no? Pensándolo bien no está tan mal dejarse llevar de vez en cuando, y menos con estas sensaciones tan...¿Cómo decirlo? ¿Agradables? Porque, he de admitir que cada vez que apareces llega a mí ese famoso “zsa zsa zsu”, es decir, esas mariposas en el estómago, la garganta, que se me anuda y las palpitaciones. Al menos, por el momento, no tartamudeo. Vale, sí, definitivamente me está pasando y, la verdad, no sé que me da más miedo que me pase justo ahora, cuando no tenía pensado que cambiara nada de mi vida sentimental o que me pase contigo, el chico “aparentemente” perfecto. En fin, creo que siempre suele dar vértigo adentrarse en este juego tan complicado. También definido como volverse a enamorar.

11 de febrero de 2011

Amor

Tumbada en la cama desecha, te observo. Te miro fijamente. Estas completamente abstraído mirando la por la ventana, al mismo tiempo que tomas una taza de café. ¿En qué estarás pensando? Seguramente, ni siquiera te has dado cuenta de que te estoy mirando.
Bebes pequeños sorbos, sin apartar la mirada de la ventana. Es extraño. Eres extraño. Será esa la razón por la que me atraes tanto.
El ruido de la calle se convierte en una melodía de fondo que acompaña mis pensamientos. Te giras y me sonríes, haciendo que me sienta la única persona sobre la faz de la tierra. No sé cómo lo has hecho, pero me has cambiado. Te has convertido en lo único que deseo, lo único que anhelo. Te acercas, te sientas a mi lado mientras me susurras suavemente esa palabra mágica al oído. Mágica, porque siempre me gana. Porque no puedo evitar caer rendida a tus pies después de oírla. Hay que ver lo que puede hacer una palabra, una simple palabra...

4 de enero de 2011

Comienzos

Después de aquel eternamente esperado beso, tantas veces soñado pero, al fin, real. Un turbado pensamiento daba vueltas en mi cabeza:
- Y ¿Qué vamos a hacer ahora? Porque yo no había previsto que pasara nada entre nosotros, nunca pensé que...en fin...no sé...creí que seguiría fingiendo no sentir nada por ti...
Mi voz fue dulcemente silenciada con otro beso. Y otro. No parecía que tuviera intención de parar alguna vez. Entonces, justo cuando se disponía a repetirlo, mi mano le paró en seco, presionando su pecho.
- ¿Te pasa algo? ¿No quieres que siga..?














- Siempre se ha dicho que los comienzos son difíciles y no creo que esto que esta empezando entre nosotros vaya a ser una excepción.
- ¿Por qué te preocupa tanto?
- No lo sé pero... sí, me preocupa. Es que, no sé, no estoy segura de que esto salga bien.
El gesto de su cara cambió.
- ¿No estas segura de lo que sientes por mí? ¿Es eso?
- No, claro que no- dije mientras le acariciaba el cuello- Lo que quiero saber es si tú de verdad crees que podemos hacerlo, que podemos estar juntos.
- ¿Es que hay alguna razón por la que no podamos? Al menos, yo no encuentro ninguna...
- Tienes que admitir que somos muy distintos...Que yo sepa, no has estado con ninguna chica parecida a mi.
- Pero, ¿Qué tontería es esa? Si te he elegido a ti, es precisamente porque eres diferente. Me haces sentir diferente. Eso es lo que hace que cuando te veo, cuando me sonríes, se me haga un nudo en la garganta y no me salgan las palabras...Justo como ahora.
Me acerqué a él y, aún sonriendo, le besé. No me lo podía creer, era verdad. Él, él...sentía algo por mi.

30 de octubre de 2010

Sueños

Esta noche tuve un sueño. No recuerdo donde estaba. Solo se que tú estabas allí. Conmigo.
Sentí calor, tranquilidad. Me sentía feliz, como en una nube...De pronto desapareciste, pero me quedé con algo tuyo; una carta. En esa carta me decías las cosas más bonitas que había oído en mi vida. Pero hubo una cosa que, hizo mella en mi corazón, escribiste que 'me querías'.
Me querías, sonaba tan extraño, pero a la vez tan real que lo creí sin dejar lugar a dudas. Me querías. ¿Que dos simples palabras puedan hacerte sentir tantas cosas a la vez...?
Pero la carta no acababa ahí, también escribiste que, desde que te hablé, desde que te miré por primera vez supiste que sería una persona especial en tu vida. Y que desde aquel beso que me robaste no habías podido dejar de pensar en mi.
Al terminar de leer aquella hermosa carta alguien me abrazó por la espalda. Sonreí. Sabía que eras tú. Y entonces me giraste, nos encontramos cara a cara oyendo nuestras respiraciones a una distancia prácticamente centesimal, cuando después de mirar tus preciosos ojos azules, te besé. Fue el beso más perfecto que nunca podía haber imaginado. Era un momento...¿Cómo decirlo? MÁGICO...
Lástima que los sueños solo sean eso, sueños. Lástima que yo nunca me he atrevido a decirte lo que siento por ti y que tú tampoco lo hayas hecho. Sólo espero que algún día logremos vencer las distancias antes de que sea demasiado tarde...y pueda decirte que 'Te quiero'.

22 de septiembre de 2010

Acabar con los miedos

Todo empezó un día cualquiera, un día nada especial para los demás. Tú llevabas ya algún tiempo rondando por mi cabeza, justamente el mismo tiempo que hacía de aquel viaje. Yo no podía dejar de pensar en tu sonrisa, en los momentos tan mágicos que habíamos pasado juntos, sí, mágicos, porque casi no podía creer que todo aquello hubiera pasado, llegué a pensar que eras producto de mi imaginación, que todo había sido un sueño, que mi cabeza se había vuelto loca al no encontrar una persona como tú y te había creado en mi subconsciente tan perfectamente que podría jurar que eras real.
Pero entonces una tímida idea asomó por mi cabeza, esa idea me decía que no te podía dejar escapar, que lo que habíamos vivido, aquello que ocurrió entre dos desconocidos no podía ser ignorado, no podía ser olvidado, que me tenía que subir al tren, tenía que saltar al vacío, que no te podía dejar escapar...y así me aferre a la poca valentía que me suele caracterizar en temas sentimentales, escondí mis miedos lo mejor que pude y me subí a ese tren, ese tren que me llevó a ti, a lo nuestro.
Hoy puedo decir que nunca me hubiera perdonado que el miedo me superara, no haber hecho lo imposible por estar a tu lado, y sobre todo, no tenerte. No tener tus besos, tus abrazos, tu mano acariciándome el pelo de esa manera que sólo tú sabes, los nervios que recorren mi cuerpo durante ese ínfimo instante antes de darte un beso, o incluso tu forma de sacarme de quicio.
Esos miedos que tuve un día, hoy se han transformado en otro tipo de miedo, miedo a que te quieras bajar del tren, a que ya no te interese viajar conmigo y te me dejes en la primera parada que encuentres. Pero ¿sabes? haré con ellos lo mismo que hice con los otros, los esconderé en un baúl y sólo pensaré en devolverte toda la felicidad que me has dado y que todavía me sigues regalando.

Este es un texto que me enviaron por tuenti para que lo arreglara y, bueno...¡aquí está! espero que os guste ;)

1 de septiembre de 2010

El fin del verano

El final del verano se acerca. Se acerca y yo no puedo hacer nada para evitarlo.
No sé como voy a hacer para volver a mi vida, a mis estudios, a mi estrés por los exámenes...
Sé que va a ser duro, sobre todo porque no te tendré cerca. Me había acostumbrado a estar contigo todos los días, a asomarme por la ventana y verte llegar a la misma hora de siempre, sonriente, con esa manera de andar, a proponerme algún plan para pasar la tarde a tu lado. Muchos de ellos eran tan sencillos como sentarnos en un banco a hablar mientras comíamos un helado, pero eso era suficiente para nosotros, sentirnos el uno al lado del otro era más importante que cualquier otra cosa en el mundo. No nos hacía falta nada más. Hablábamos de cualquier cosa, nos reíamos por nada...era evidente que estábamos enamorados.
Pero aunque el verano se acabe, cada momento que tenga, lo compartiré contigo. Porque te has convertido en una persona muy importante en mi vida y porque mi amor por ti crece más cada día.

26 de agosto de 2010

Mi príncipe azul

En ese momento, cuando estábamos abrazados sobre su cama, me preguntó con timidez:
- ¿Todas las chicas buscáis a vuestro príncipe azul?
- Claro, desde la infancia.- Contesté yo esbozando una sonrisa para mis adentros...
- Entonces ¿Crees que de verdad existe? - Dijo inseguro.
- Si, sino no lo buscaríamos.
- O sea, que crees que hay un hombre en el mundo que es tu pareja perfecta.
- Exacto.
- Y ¿cómo debería ser él? - me preguntó con curiosidad.
+ Pues no se; a ver...cariñoso, sensible, que esté pendiente de mi (pero tampoco demasiado), inteligente, atractivo, alto, que tenga los ojos claros, que sólo con su sonrisa me haga sentir bien, que me soporte en mis malos momentos, que sea detallista,.. pero ante todo; que me quiera de verdad.
Al ver su cara de asombro no me pude aguantar y exploté en una carcajada.
Él, enfadado por mi reacción intento tirarme de la cama...pero no lo consiguió. Nuestros rostros quedaron a tres centímetros de distancia, paralizados. Y empezamos a reírnos de nosotros mismos, como dos idiotas.
Cuando habíamos parado de reír y volvíamos a estar abrazados en la cama. Me dijo con todo el morro del mundo:
- Sabes que yo cumplo todos tu requisitos ¿no?- y dibujó una sonrisa en su cara. Esa que siempre me hace cuando estoy triste y con la que siempre consigue una mía como respuesta.
- Ah ¿si? - dije, como si no lo supiera.
Entonces él, se acercó lentamente y me besó. Y mientras nos besábamos pensé, sin ninguna duda: Es él. Mi príncipe.

13 de agosto de 2010

Ella.

A veces él se pone a pensar. Piensa en cómo ha llegado a ese punto. Ese punto en el que ella es la razón de su existencia. Ella. Que una palabra tan aparentemente sencilla encierre tantos sentimientos...es curioso ¿verdad? Ella. Ella es todo lo que necesita. Aunque a veces le vuelva loco contándole sus problemas con esa verborrea suya, o le tenga esperando una hora mientras se arregla para salir. Aunque en ocasiones no entienda lo que le quiere decir con su lenguaje característico femenino y siempre se enfade cuando hace que mira a otras chicas por la calle, aunque en realidad ya sabe que lo hace para ponerla celosa. Es ella. Ella en su plenitud. Y está seguro de sus sentimientos por ella. Sabe que eso es lo que quiere. Y lo sabe por una sencilla razón, porque al despertarse cada mañana, sigue queriendo, antes que nada, ver su cara apoyada en su misma almohada.



12 de agosto de 2010

Huyamos.



Dejemos esta sociedad que no nos comprende. Abandonemos la civilización. Huyamos allí donde nadie pueda encontrarnos, donde estemos libres, donde nuestro amor no sea un extraño y podamos vivir con él, cada día y cada noche hasta el fin de nuestros días.
Porque la sociedad en la que vivimos no esta hecha para nosotros, es como el fuego del que debemos escapar para no morir asfixiados. Asfixiados de perjuicios y envidias de las personas que no comparten con otra lo que nosotros dos tenemos. Nuestro amor incondicional, nuestra magia...
Tu y yo. Solos. Sin nadie que pueda manchar la transparencia de este amor tan puro que poseemos. Hagámoslo, y nuestro amor siempre perdurará.

9 de agosto de 2010

Ps: I Love You

Querida Holly; no tengo mucho tiempo.
No literalmente, sino porque has salido a comprar helados y volverás pronto. Ésta será la última carta, sólo me queda una cosa por decirte: Esta carta no es para que me recuerdes ni para que compres una lámpara, puedes cuidar de ti misma sin mi ayuda.
Es para decirte cómo me he sentido, cómo me has cambiado, me has convertido en un hombre queriéndome, Holly, y por eso te estoy eternamente agradecido, literalmente. Quiero que me prometas algo: Que nunca estarás triste o insegura o perderás por completo la fe, que tratarás de verte con mis ojos.
Gracias por aceptar ser mi esposa, soy un hombre que no se arrepiente. Qué suerte he tenido. Tú has llenado mi vida, Holly, pero yo sólo soy un capítulo de la tuya. Habrá más, te lo prometo.
Y ahora viene el gran consejo: No tengas miedo a volver a enamorarte, prepárate para esa señal que parece el fin del mundo.

Posdata: Siempre te amaré.

18 de junio de 2010

Mi verdadero amor

¿Dónde estás? te busco, ¿sabes? De hecho te llevo buscando toda una vida… la mía. Desde que querer a alguien puedo, o al menos eso pienso. En ocasiones me parece haberte encontrado, pero me temo que no fueron más que espejimos, cartas extraviadas de un amor equivocado, el sonido de las olas que recuerdan el azar de un sentir desmesurado…

¿Cómo te llamas? Ansío saber tu nombre, quiero tenerte, quiero conocerte, quiero abrazarte. Y es que cada segundo que paso sin ti es como un grano que cae en un reloj de arena, como un abrazo perdido en un lugar desconocido, en un tiempo y espacio tardíos.

¿Estás ahí? ¿Me oyes? Estoy cansada… cansada de caminar, de buscar… ¡cansada de soñar! Porque lo que me duele no es soñar, sino despertar y ver que no estás a mi lado; porque lo malo no es hablarte, sino que tu contestación sea un eterno silencio; lo verdaderamente difícil no es buscarte, sino el que por muchos pueblos que visite, tantas orillas por las que pasee pensando en ti, o por muchas ciudades que recorra tú nunca pasas a mi lado…

Ni siquiera sé quién eres, así que no espero que leas esto. Pero si algún día lo haces, no olvides decirme que me quieres.

7 de junio de 2010

El diario de Noah


Queridísima Allie;
Anoche no pude dormir pensando que habíamos terminado.
He dejado de amargarme porque sé que lo que tuvimos fue real, y, si en algún lugar, en un futuro lejano nos reencontramos en nuestras nuevas vidas te sonreiré con alegría y recordaré como pasamos el verano bajo los árboles aprendiendo el uno del otro y creciendo en el amor.
El mejor tipo de amor es aquél que despierta el alma, y nos hace aspirar a más, nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente, eso es lo que tú me has dado y lo que yo esperaba darte siempre.
Te quiero, ya nos veremos pronto,
Noah.
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